CARLOS ACUÑA NUÑEZ (1886-1963)

Prohibida su reproducción, salvo que se indique el nombre del autor y la fuente.

carlos acuña

 

Por Jorge Arturo Flores

EL Escritor

Cuentista, poeta, periodista. Pertenece a la casta de escritores que cultiva con  entusiasmo the low  profile. No se aferró a los pasamanos de la farándula literaria ni buscó con ahínco la celebridad que otros  ansían con frenesí.

Escritor provinciano, nacido en Cauquenes,  vivió algunos años en Constitución, lo cual le permitió atrapar líricamente sus bellezas naturales. Su obra, en general, demuestra este embrujo que coge a los que alguna vez pisan la tierra maucha.

Parecido caso al de Mariano Latorre que pasó sus primeros diez años en la ciudad.

Como González Bastías, como Latorre, como Carlos René Correa, como Efraín Barquero, su obra, entonces, trasunta el gozo que le provocó, primero, vivir en la ciudad costera, y, segundo, la visión del mar, rio Maule y montañas. El Centro Hijos de Constitución le encargó la elaboración de un texto relacionado con el origen de la ex Nueva Bilbao de Gardoqui, volumen que vio la luz en 1944 con el título Nacimiento de Nueva Bilbao (*).

Su poesía refleja la cosmovisión campesina de la zona comprendida entre Cauquenes y Constitución. Está redactada en términos muy sencillos, con la simplicidad propia de quien ha convivido con el alma rural. Su lenguaje, por tanto, es claro, prístino como las mañanas, sencillo como vaso de arcilla, trayendo a cuento muchas de sus experiencias personales. Constituye una mirada afable, bondadosa, ajena a recovecos y lejos de escuelas vanguardistas. El amor sobresale entre los principales motivos como también la visión del paisaje.

Lo mismo ocurre con su cuentística.

Obtuvo celebradas críticas sobre sus libros en Santiago, donde terminó sus días. La edición de Capachito lleva prólogo de Alone y otros textos los tuvieron de  Omer Emeth y Eduardo Barrios, ilustres prohombres de la hornada literaria de la época.

Hay entusiastas loas a su tarea, como asimismo – no todo ha de brillar como el oro – sarcásticas líneas a ciertos trabajos que, obviamente, no entraban en el gusto de los jueces.

Leyendo algunos poemas, curiosamente se nos viene a la memoria símiles con poemas de Oscar Castro y Gabriela Mistral. Es lo relativo al amor perdido, al que pasó, a los olores del campo, a escenas de la vida lugareña, con sus anécdotas y paisajes. No, no estamos hablando de plagio. Es la atmósfera que impregna el texto los que nos hizo recordar los poemas de los vates citados.

En síntesis, estamos frente a un buen poeta y narrador, cuya obra, como la de tantos provincianos, tiende a perderse en la indiferencia, uno de los resultados más temidos por los autores… además del silencio de la crítica. Aunque tiene  asegurado un puesto en la historia, pensamos que su quehacer todavía no ha sido  valorado  y estas breves glosas sirven justamente para desempolvar sus libros,trayéndolo al escenario para que el público lector sepa algo de él, pueda leerle y guste de un trabajo bien elaborado, con sencillez y lejos, muy lejos, por cierto, de la chilla vanguardista que constantemente remece las estructuras artísticas.

 

 

RASGOS BIOGRAFICOS

En una entrevista concedida a don Raúl Silva Castro, el autor relata parte de su vida, la cual transcribimos;

-“Nací en Cauquenes –nos dice el autor-. Mis estudios los hice en el Liceo de la misma ciudad. Allí cursé los tres años de preparatoria y los seis de humanidades. Fui buen alumno, sin jactancia. Era bastante flojo, es cierto, pero obtenía buenas notas. Calentaba los exámenes cuando era necesario, pero mis estudios en general fueron buenos”.

“Cauquenes está entre dos ríos, el Tutuvén y el Cauquenes. Debería llamarse con más propiedad Tutuvén, pues cuando fue fundada se la llamó “Villa de Nuestra Señora de las Mercedes de Manso de Tutuvén”. Allí mi familia tenía, o más bien, tiene un solar, es decir, una casa construida en un terreno que fue dado a uno de mis antepasados en el momento mismo de la fundación. En esa casa, que tiene muchas piezas, media cuadra de fondo, varios patios y huerto, nací yo.

Fui criado como regalón de mi abuela y cuando mis padres se trasladaron a vivir a Constitución, yo regresé a Cauquenes llamado por ella. Entre Cauquenes, Quipato, el fundo de mi abuela, pasé varios años de mi vida. Luego hice viajes a Constitución, frecuenté durante diversas vacaciones el fundo de mi padre, Luanco, y recorrí a caballo y en coche toda la región.

Cuando terminé mis estudios de humanidades me vine a Santiago a estudiar una carrera. La de abogado era la que había escogido para mi familia. Me matriculé en Leyes. Pero no seguí los cursos; durante varios años no di exámenes. Luego me apuré un poco y llegué hasta el cuarto año, pero no alcancé a recibirme. Había comenzado a hacer aquí la vida del estudiante que no tiene urgencia de recibirse, que quiere más bien vivir su vida que estudiar y que trata de conocerlo todo y gustarlo todo.

Como todos los jóvenes, me inscribí en un partido político en el cual desempeñé varios cargos internos. Me atrajeron también las cuestiones sociales y por mucho tiempo fui un ferviente lector de la abundante lectura socialista y anarquista más en boga entonces”.

“Mis primeros artículos periodísticos  los escribí cuando era estudiante. En Cauquenes había un periódico semanal que contaba con los elementos más rudimentarios, pero que salía con cierta regularidad. Se llamaba “La Voz de Cauquenes” y era dirigido por un señor Urrutia. Yo iba con cierta frecuencia a la imprenta; ya me atraían la tinta negra, las máquinas de imprimir, todo lo que constituye el encanto y la perdición del periodista. A veces deslizaba algún breve artículo en “La Voz”, y esas fueron mis primeras armas como periodista.

Mientras tanto, en la Academia Literaria del Liceo un pequeño grupo de muchachos nos ensayábamos en el verso y en la prosa. Nos alentaba el profesor de castellano, don Abraham Valenzuela, un hombre muy simpático y muy culto, de quien todos guardamos el mejor recuerdo. Sus gustos andaban muy lejos del modernismo que entonces imperaba en una fogosa juventud de Santiago y que poco a poco ganaba todos los rincones. Yo en ese tiempo escribía mis primeros versos. Recuerdo que una vez leí en la Academia unos tercetos del más extraño corte, con visiones vagas, delicuescentes.

Ya en Santiago, escribí durante algún tiempo para Las Últimas Noticias unos artículos que en opinión de don Carlos Silva Vildósola, eran “más de literato que de periodista”. No tenía sueldo sino que alimentaba la esperanza de ser considerado como redactor para una ocasión que no llegó. También escribí más de una vez algunos párrafos para la sección “Día a Día” de El Mercurio”.

 

LIBROS PUBLICADOS

Baladas Criollas

Vaso de Arcilla

A Flor de Tierra

Capachito

Mingaco

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(*) Nacimiento de Nueva Bilbao, Carlos Acuña Núñez, crónica literaria en http://www.escritorjorgearturoflores@wordpress.com

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