ENRIQUE MAC IVER

Por Jorge Arturo Flores

 

200px-Enrique_Mac-Iver_Rodríguez_cropped

Prohibida su reproducción, salvo que se indique nombre del autor y la fuente

Rasgos biográficos

Nacido en Constitución. Estudia sus humanidades en Valparaíso y Santiago. En 1869 se titula como abogado (U. de Chile). Miembro del Club de la Reforma (1868). Militante del Partido Radical. Diputado por Constitución (1878-1881). Diputado por Talca (1879-1882) y Coelemu (1882-1885). Diputado por Santiago (1888). Ministro de Hacienda durante el gobierno de Jorge Montt (1892-1893). Ministro del Interior(1894) y de Hacienda (1895). Senador por Nuble (1900) y Atacama (1906). Consejero de Estado (1914) y Gran Maestro de la Masonería (1883-1894). Superintendente de Bomberos. Presidente del Partido RadicaL Académico de la Facultad de Leyes. Presidente de la Sociedad Científica de Chile. Miembro correspondiente de la Real Acade-
mia Española de la Lengua y de su similar en Chile. Escribió en la Revista Chilena, y en los periódicos El Progreso y El Parlamento.

Obras:
Los Partidos Políticos y El Parlamento, Los Partidos Políticos, Discursos Políticos y Parlamentarios (1899).

El escritor

Fue considerado el político más influyente y prestigioso de una época en nuestro país. Por su elocuencia oratoria, que no admitía réplica se le denominaba “El Ruiseñor del Parlamento”, donde tuvo destacada actuación por más de 46 años.

Político hábil, tenaz, con la verdad adelante. Sus arengas tenían resonancia nacional. Fue un artista de la frase, lo cual mereció su nombramiento en las Academias de la Lengua Española y Chilena. Algunos lo distinguían como pensador y filósofo. Como hombre público impulsó la ley de conversión metálica, se opuso fervientemente al autoritarismo de Balmaceda, vendió el buque La Esmeralda a Japón y fue contrario a aprobar una ley de compensación a las víctimas de la batalla de Tarapacá, en la guerra del Pacífico, por considerarla aquella una derrota. Censuró en 1919 al Ministro de Instrucción Pablo Ramírez, provocando su renuncia posteriormente.

Suyo es el dístico que fue muy popular: «¡Cómo cae el país! ¡Cómo se abaten los caracteres!

Su participación literaria va desde  la publicación de sus libros, su ingreso a la Academia de la Lengua Chilena y Española, esto último un gran galardón, sin duda, y, por sobre todo, su elocuencia en la oratoria, donde fue, como dijeron, «un artista de la frase».
En algunos textos literarios se le recuerda conversando en los muelles mauchos, concentrando, por supuesto, la atención de los contertulios o de quienes lo tenían como un fanal.

Su presencia en nuestra ciudad fue constante.

Su pueblo, su querido pueblo, no fue todo lo justo con él, como se pensaba. Nada hubo que recordara a este prohombre público que, cuando falleció, se le tributaron honores de General de División.

En Santiago una calle del centro lleva su apellido y en Constitución, en tiempos recientes, se cambió el nombre de  la ex-Avenida Talca por la de Avda. Mac-lver, como asimismo, el en el lugar denominado Santa Olga el liceo lleva su nombre.

Menos mal.

Anuncios