Luis Sanchez Latorre

Prohibida su reproducción, salvo que se mencione el nombre del autor y la fuente

Falleció Premio Nacional de Periodismo Luis Sánchez Latorre

 

Por Jorge Arturo Flores

Rasgos biográficos

Nació en Santiago de Chile el 8 de diciembre de 1925. Cursó la enseñanza primaria en la Escuela Pública Nº  8 de Matucana y la secundaria en el Liceo Miguel Luis Amunategui. (1944). A partir de 1946 se inician sus colaboraciones en la prensa nacional: Revista Letras, diarios La Nación y Las Ultimas Noticias. En 1947 ingresa como reportero y columnista al vespertino La Segunda. Es nombrado jefe de crónica de Las Ultimas Noticias a partir de 1949 y hasta 1957. En 1958 pasa a Jefe de Redacción. En 1959 se inicia como columnista dominical de El Mercurio con el seudónimo de Filebo. Fue director de la Revista Pedagógica Internacional Secciones Escolares (1964).Presidió en 1965 el Encuentro Internacional de Escritores celebrado en Viña del Mar. Miembro de Numero de la Academia Chilena de la Lengua.  Presidente de la Sociedad de Escritores de Chile en los períodos 1968-1970 y 1973-1984.Fue uno de los creadores del Servicio de Documentación y de la sección Día a Día de El Mercurio (1968). En 1972 es nombrado Director de la Revista del Sábado de Las Ultimas Noticias y en 1973 vuelve a ser Jefe de Redacción del diario en mención. En la década del 90 su columna se llamó Libros y Autores y luego Pasando y Pasando. Utilizaba el seudónimo de Pepys en El Mercurio. En 1983 recibió el Premio Nacional de Periodismo.  Jubiló en 1982, pero continuó escribiendo en Las Ultimas Noticias como columnista y colaborador hasta el día de su muerte. En el año 2007 obtuvo el Premio a la Trayectoria otorgado por la Feria del Libro Usado. Muere  el 17 de octubre de 2007, a la edad de 82 años.

EL ESCRITOR

Novelista, crítico literario, columnista y periodista. Luis Sánchez Latorre fue autor que no se desveló por publicar sus trabajos. Cómo diría Alone de González Vera: “tuvo esa discreción”.  La mayoría de sus juicios está inmersa en el mundo periodístico donde se desenvolvió por más de 60 años. Es por ello que comúnmente se le conoce más por su afición periodística antes que literaria. Añádese a ello la obtención del Premio Nacional de Periodismo. Sin embargo, su gran productividad se relaciona con el trabajo de crítico y cronista literario, ejercido al través de los diarios Las Ultimas Noticias y El Mercurio. Parte de ese quehacer está contenido en dos libros: Los Expedientes de Filebo y Memorabilia.

Estaba destinado a convertirse en uno de los grandes críticos chilenos, pero nunca se tomó en serio y abominaba de la gravedad. Era un gran lector y sabía mucho de literatura. Como comentarista literario o crítico, si se prefiere, puso una nota distinta a la hora de examinar un libro.  Para algunos era un anti crítico, “el divino anti critico” como dijo alguien, por la forma que enfocaba el texto. Sus juicios eran sabios, honestos y lúdicos. Allí encontramos una serie de virtudes que lo alejaban del resto y lo emparejaban con cierta elite literaria. Entre ellas, sin duda, el humor, un humor fino, no exento del sarcasmo, que permitía leerle con deleite. Su jovialidad, en tal sentido, recuerda a González Vera, con la diferencia que aquel era más bien frío en contraposición de Filebo, más cálido, aunque no exento de picardía y deslindando a veces en la mordacidad. Algunas frases, mínimas, condensadas al máximo, con espléndidos hallazgos, recuerdan a Alone. Sumado a lo anterior, hay dos objetivos artísticos plenamente realizados: la síntesis y la brevedad, dos virtudes literarias que hoy están en desuso y que lo emparienta con Alone, Edmundo Concha y González Vera.

El buen escribir  es uno de sus puntos altos.

Aunque puede sonar a vetustez, puesto que hoy representa un absurdo entre los aprendices de escritores y los que se han consolidado, la belleza del escribir es clásica y no puede transar con la vulgaridad.

Filebo redactaba cuidadosamente sus columnas.

Hubo  preocupación por el conveniente uso de la palabra. La ironía que lo caracterizó no fue óbice para encontrar el lenguaje apropiado. Pero, lo más destacado es lo que se adivina en sus líneas: el gozo por escribir, por pasarlo bien, sin perder la profundidad, y, al mismo tiempo, permitir al desconcentrado lector solazarse con disquisiciones aparentemente crípticas, pero que, analizadas, contenían verdades del porte de una catedral.

La distancia estribaba en los hallazgos humorísticos que surgían en medio de la lectura. (“Como Maria Luisa Bombal, que también se solazó a sus anchas con el don del idioma, Romero obtuvo, por esa elevada complacencia, el ancestral y gracioso “pago de Chile”. “No escribo muerte con mayúscula para que no se crea más de lo que es: la muerte”. “ Chile está creciendo. Aumenta el registro de libros malos”).

Filebo se acerca al lector. Lo cautiva con sus crónicas lacónicas y abreviadas, con el fino humor que le caracterizó siempre y con una actitud distante del intelectual que mira desde arriba con suficiencia. El lo pasaba bien escribiendo y querría, sin duda, que el lector también.

Es una de sus grandes lecciones.

La tarea de Filebo en las letras fue  independiente en términos políticos, aunque entrelíneas podía leerse algo de la contingencia. Fue valiente para enfrentar la coyuntura militar de Chile, que no  permitía la libre expresión y la circulación sin censura de los libros.

En 1978 se negó a ser jurado del Premio Nacional  de Literatura y mandó una carta al entonces Ministro de Educación:” no se puede actuar con los militares entregando premios nacionales” (El Mercurio 10 de octubre de 2007).

En realidad,  había que ser muy valiente para enfrentarse a la siniestra maquina uniformada.

Como se ha dicho, Luis Sánchez Latorre presidió a la Sociedad de Escritores de Chile por dos periodos en aguas tormentosas y muchos escritores recuerdan al hombre que se mantuvo enhiesto al mando del buque, granjeándose el aprecio de muchos e impidiendo que el gremio, tan sensible a la cosa política, se disgregara..

Como va siendo habitual desde hace mucho tiempo en Chile, el fallecimiento del escritor Luis Sánchez no tuvo la resonancia que su trayectoria imponía. El imperio del espacio métrico se impuso. Algunos breves artículos, crónicas menudas, económicas entrevistas a quienes le conocieron, etc.  No fue precisamente el gran homenaje que este esplendido escritor merecía. Ahora bien, Filebo, con seguridad, tampoco habría gustado de tanta notoriedad en su muerte, puesto que en vida siempre se mantuvo alejado del bullicio, sin que ello significase un auto exilio, por cuanto era  sociable y entusiasta conversador.

Acaso el final  fue  también parte de su filosofía literaria: sintético, inadvertido y breve.

Grande escritor.

LIBROS PUBLICADOS

Dos son las publicaciones que reúnen las columnas periodísticas. Los Expedientes de Filebo y Memorabilia. El resto son 2 novelas. Sin duda lo mejor de su repertorio aun está por escribirse. Son muchos los artículos que deben reunirse en ejemplares para poder gustar del estilo y la agudeza de Filebo.

Los libros publicados son:

Los Expedientes de Filebo, 1965

Adiós Medusa 1975

Lejano Oeste 1988

Memorabilia 2000

TEXTO: Jorge Arturo Flores

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